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Cuando el éxtasis no llega nunca

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Pese a todos sus esfuerzos, las mujeres que padecen de este trastorno ?que son una de tres- pueden pasar toda su vida sin experimentar un orgasmo o más aún, sin poder sentir placer sexual. Sin embargo, su problema tiene solución y, aunque necesita del apoyo incondicional de su pareja, el trabajo parte por ella misma

 

Para una mujer que ha sido criada bajo la presión del machismo y un duro código de moralidad, resulta muy complicado poder disfrutar de su sexualidad sin tener sentimientos de culpabilidad.
Producto de esto mismo es que algunas de ellas sufren de frigidez o anorgasmia. Un problema de gran envergadura para la vida de una mujer y que debe ser atacado desde los distintos puntos de su existencia.

En este sentido, es de vital importancia que la mujer comience a trabajar sus deficiencias desde ella misma, es decir, debe comenzar a aceptar su propia sexualidad y evitar los complejos.

Para ello, necesitará que su pareja sea de gran apoyo, y que se muestre siempre muy paciente y comprensivo, ya que esta enfermedad debe ser tratada en un ambiente de mucha confianza.

Falta de respuesta
Cuando se habla de frigidez no sólo se habla de ausencia de orgasmo, sino también de una falta de respuesta sexual a las caricias, a los mimos realizados por la pareja, es decir, una falta de excitación.

Producto de esto, se produce una absoluta carencia de lubricación, provocando además dolores en la penetración.

Este tema resulta ser un asunto complejo de tratar por ser esencialmente síquico, porque además de estar basadas en malas experiencias anteriores, falta de información o trastornos del pasado; producen consecuentemente en estas pacientes una suerte de desprecio por las relaciones sexuales en general.

También se puede producir frigidez por estados depresivos crónicos, mal estado de la pareja, problemas graves familiares, ausencia de intimidad y enfermedades. En este último grupo destacan las patologías como el hipotiroidismo, la diabetes, la esclerosis múltiple, la cistitis crónica, la menopausia y la endometriosis, entre otras.

Claro que también se ha observado la falta de respuesta sexual después de una histerectomía o mastectomía, por el impacto sicológico que provocan estas cirugías en la mujer.

En otros casos, la frigidez se explica por el seguimiento de tratamientos con medicamentos antidepresivos o antihipertensivos, que afectan a la sexualidad.

Tratamiento
Para tratar la frigidez es importante diferenciar si existe sólo ausencia de orgasmos o si además hay falta de deseo sexual. Esta última se da generalmente en las mujeres que ya han entrado a la menopausia, y especialmente en las viudas.
Ahora bien, en ambos casos, la mujer debe desear alcanzar el éxtasis para poder recurrir a un especialista, quien de seguro deseará tratar a ambos miembros de la pareja. Juntos, se les enseñará a manejar la técnica de la excitación sexual y se trabajará en ella.

Una vez que ésta se domine totalmente, se podrá pasar a la etapa siguiente, ya que es importante que el hombre logre descubrir algunas maneras de estimular efectivamente a su pareja. Así, la mujer aprenderá a conocer su cuerpo y dar respuesta libre a los estímulos.

El problema del orgasmo
Si bien la ausencia de excitación desemboca inevitablemente en la falta de orgasmos, ambos no siempre van unidos. La capacidad de alcanzar el clímax es una conducta aprendida, es decir, la mujer debe aprender a lograrlo.

Para ello no basta sólo con lograr una vasocongestión genital con la excitación, sino que además, la mujer debe poder relajarse, eliminar los sentimientos de vergüenza y culpa, para dar paso a una experiencia placentera.

En este sentido, algunas veces, los terapeutas recomiendan ejercicios para fortalecer el tono muscular perivaginal, que mejoren el placer físico.

El deseo y las hormonas
Pese a que la mayoría de los estudios que tratan las disfunciones sexuales hablan de la sicología como base de éstas, el factor hormonal en las mujeres, juega un papel primordial en su función sexual.

En ellas, los niveles de estradiol tienen relación con la vagina a través del sistema nervioso central y periférico y en la transmisión nerviosa. En las mujeres menopáusicas, los estrógenos de reemplazo restauran en el clítoris y vagina la sensibilidad vibratoria y los umbrales de sensibilidad a la presión, en relación con los que existen en la premenopausia, explica en una de sus publicaciones el doctor Alonso Acuña.

?También tienen los estrógenos una función en pro de la vasodilatación como resultado de la protección de la circulación clitoridiana, uretral y vaginal, lo que concede un efecto preventivo de arteriosclerosis de los territorios pélvicos. Con el envejecimiento, la menopausia y el decaimiento de niveles estrogénicos, un número significativo de mujeres experimentan disminución del deseo sexual así como de la frecuencia coital, dispareunia (dolor durante el coito) y disminución de la respuesta sexual con dificultades orgásmicas y merma en las sensaciones genitales. Existe una correlación directa entre la presencia de todas estas dificultades sexuales y los niveles anormalmente bajos de estradiol. Así pues, los estrógenos de una manera indirecta influyen en el deseo sexual al contribuir en la retroalimentación positiva de la respuesta sexual en la fase de excitación, agrega el profesional.

En su estudio, el especialista también señala que la testosterona resulta ser la hormona responsable del deseo sexual tanto en hombres como en mujeres, según un análisis hecho en 1959 por el doctor Waxemberg del Instituto Sloan Kettering de Nueva York, en el que también se afirma que esta hormona no sólo es importante para el desarrollo de todos los tejidos, sino que también para experimentar energía vital y libido.

Entonces, si luego de algunos exámenes y seguimiento médico, se descubre que la disfunción sexual que se padece es de origen hormonal, el tratamiento es mucho más rápido, ya que sólo son tratadas con testosterona en forma de pellets (como en Estados Unidos), lo que inmediatamente mejora la respuesta sexual y el deseo; aunque este tratamiento aún no es aceptado por la Food and Drug Administration (FDA), por lo que se maneja de manera paralela, con terapia de reemplazo hormonal, además de un variado abanico de recursos farmacológicos.

En definitiva, lo que antes se llamaba frigidez y que hoy lleva por nombre disfunción sexual femenina, tiene solución.

Sólo es necesario aceptar que se tiene un problema, que afecta un sinnúmero de otras áreas en la vida y que para solucionarlo necesita de la ayuda de un especialista, ya sea un sicólogo, un terapeuta sexual o un ginecólogo; quien podrá precisar luego de un exhaustivo examen, las razones que provocaron el problema y el modo de tratarlo. Porque una cosa está clara, y es que actualmente, soluciones para este tema hay muchas.